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Cómo enseñar a los niños a resolver problemas: 10 consejos para padres




Lo primero es separar al niño/a  del problema, es decir que no sienta que él/ella es el problema, que está fuera de ellos, lo que les ayuda a situarlos en un nuevo marco de referencia.

Una estrategia que podemos usar es que los niños consideren el problema como su enemigo, que les pongan nombre. El nombre debe ser un sustantivo que los enoje, para que se revelen contra él y luchen para vencerlo. 

El paso que sigue es poner por escrito el problema, de esta forma la distancia entre el niño/a y el problema aumenta, la visión del mismo no es tan angustiosa y facilitará encontrar solución y también que es lo que lo generó.

Lo que se busca es que los niños externalicen y ataquen sus problemas y conflictos.

La creación de imágenes mentales es una herramienta para reducir la angustia psicológica. Se distrae la parte pensante del cerebro, las imágenes pueden debilitar los impulsos nerviosos evocados por la aflicción y es un factor clave para poner en marcha un sistema interno de alivio del dolor. 

Podemos utilizar esta técnica para ayudarles a enfrentarse a distintas situaciones: el dentista, un examen, la lectura de una poesía ante toda la clase,...

Hay que tener en cuenta que la imagen que les propongamos debe ser acorde a su edad. Antes de proponerle la imagen asegurarnos de que el niño/a esta cómodamente sentado y relajado. A continuación describiremos la imagen con todo detalle, hablando lentamente pero con emoción, sin prisa. Las imágenes tienen más sentido para los niños si se crean utilizando elementos con los que se sientan familiarizados, podemos utilizar un títere o un muñeco.

Utilizar el juego para enseñar a nuestros hijos a resolver los problemas es quizá la mejor estrategia.

 El juego del intercambio de ideas es un ejemplo, propone que los niños generen el mayor número posible de soluciones a un problema y que después escojan la alternativa más adecuada. De esta forma les ayudamos a que se enfrenten con el problema con más flexibilidad y creatividad.

Primero utilizaremos los problemas interpersonales apropiados a la edad (miedo a la oscuridad, burlas de los compañeros,...) Después introduciremos problemas relacionados con experiencias cotidianas. Por ejemplo no todos los niños de la clase se burlan de ti, en realidad sólo son dos niños de treinta, solo hay dos niños a quién no le caes bien al resto sí.

La práctica ayudará a los niños a solucionar los problemas y hará que se sientan capaces de hacerlo, a tener confianza en sí mismos.

Para los niños de mayor edad y los adolescentes, partiremos de planificar la secuencia lógica de acciones que tienen como resultado alcanzar la meta deseada, comprender los pasos que se dan y usar distintas estrategias para vencer las dificultades.

Las habilidades prosociales

Goldstein ha desarrollado un programa para la adquisición de estas habilidades enunciados en siete pasos:

Enseñar a los niños la importancia de frenarse para pensar detenidamente las cosas.

Enseñar a los niños a identificar y definir el problema.

Enseñarles a reunir la información desde su propia perspectiva, incluyendo opiniones, hechos e información desconocidos.

Enseñarles a reunir información desde la perspectiva de los otros, incluyendo lo que se puede hacer o decir y que obstáculos pueden anticiparse.

Enseñarles a evaluar las consecuencias y los resultados, incluyendo la manera de decidir entre varias elecciones posibles y anticipar que ocurrirá en respuesta a acciones y palabras específicas.

Lograr que ellos practiquen todo el proceso de resolución de problemas reforzando cada paso individual y alentándoles a persistir hasta alcanzar una solución bien pensada.

Ayudar a nuestros hijos a resolver problemas: enseñarles a encontrar soluciones

Como padres, muchas veces sentimos la necesidad de evitarles a nuestros hijos cualquier dificultad. Queremos protegerlos, impedir que sufran y encontrar rápidamente una solución cuando algo les preocupa.

Si tienen un problema en el colegio, discutieron con un amigo o no consiguen realizar una tarea, nuestra primera reacción suele ser intervenir y resolver la situación por ellos.

Sin embargo, aunque nuestras intenciones sean buenas, hacerlo constantemente puede impedir que desarrollen una habilidad fundamental para la vida: aprender a resolver sus propios problemas.

Los niños necesitan sentirse acompañados, pero también necesitan oportunidades para pensar, equivocarse, buscar alternativas y descubrir que son capaces de superar dificultades.

Enseñarles a resolver problemas es una manera de prepararlos para enfrentar los desafíos de la infancia, la adolescencia y la vida adulta.

¿Por qué es importante enseñar a los niños a resolver problemas?

Resolver problemas es una habilidad que utilizamos todos los días. Desde decidir cómo organizar una tarea hasta encontrar una solución ante un desacuerdo, necesitamos pensar, evaluar posibilidades y tomar decisiones.

Durante la infancia, estas capacidades se desarrollan progresivamente y requieren orientación y práctica.

Cuando ayudamos a nuestros hijos a encontrar soluciones, también contribuimos a fortalecer:

  • La autonomía: aprenden a realizar cosas por sí mismos y a depender menos de la intervención constante de los adultos.

  • La confianza: descubren que pueden enfrentar dificultades y encontrar respuestas.

  • La autoestima: reconocen sus capacidades y valoran sus propios esfuerzos.

  • La paciencia: comprenden que algunas soluciones requieren tiempo y varios intentos.

  • La creatividad: aprenden que puede haber diferentes maneras de resolver una misma situación.

  • La responsabilidad: comienzan a comprender que sus decisiones tienen consecuencias.

  • La inteligencia emocional: aprenden a manejar la frustración y expresar lo que sienten ante una dificultad.

Estas habilidades no se adquieren de un día para otro. Se construyen mediante experiencias cotidianas y el acompañamiento de los adultos.

¿Debemos resolver todos los problemas de nuestros hijos?

Es natural querer evitarles el sufrimiento, pero protegerlos no significa impedir que enfrenten cualquier dificultad.

Cuando los padres intervienen constantemente, los niños pueden acostumbrarse a esperar que otra persona resuelva todo por ellos. Esto puede dificultar que desarrollen iniciativa y confianza en sus propias decisiones.

Por ejemplo, si un niño discute con un compañero, podemos sentir la necesidad de llamar inmediatamente a los padres del otro pequeño o hablar directamente con el docente.

Sin embargo, dependiendo de la situación y de la edad, también podemos escucharlo, ayudarlo a comprender lo ocurrido y preguntarle qué cree que podría hacer para solucionarlo.

Esto no significa abandonarlo ni dejarlo solo ante problemas que no puede manejar. Significa acompañarlo sin quitarle todas las oportunidades de aprender.

Cuando existe peligro, violencia, acoso o una situación que supera sus recursos, la intervención adulta es necesaria.

10 consejos para enseñar a nuestros hijos a resolver problemas

Los padres pueden ayudar a desarrollar esta habilidad mediante pequeñas experiencias de la vida cotidiana. No hacen falta grandes lecciones: muchas oportunidades aparecen en casa, en el colegio y en las relaciones con otros niños.

1. Escucha el problema antes de ofrecer una solución

Cuando tu hijo te cuenta que tiene una dificultad, evita apresurarte a decirle qué debe hacer.

Primero escucha su versión, permite que explique lo ocurrido y hazle preguntas para comprender mejor la situación.

Puedes preguntarle:

  • ¿Qué sucedió?

  • ¿Cómo te sentiste?

  • ¿Qué es lo que más te preocupa?

  • ¿Qué te gustaría que cambiara?

Sentirse escuchado lo ayuda a ordenar sus pensamientos y comprender mejor el problema.

2. Ayúdalo a identificar qué necesita solucionar

A veces los niños se sienten desbordados porque no saben exactamente qué les preocupa.

Un pequeño que dice «no puedo hacer nada» quizá esté frustrado porque una tarea le parece demasiado difícil.

Ayúdalo a identificar cuál es la dificultad concreta. Cuando puede explicar qué está ocurriendo, resulta más sencillo pensar en posibles soluciones.

3. Anímalo a pensar diferentes alternativas

En lugar de darle una respuesta inmediata, invítalo a buscar opciones.

Pregúntale: «¿Qué podrías hacer?» o «¿Se te ocurre otra manera de resolverlo?».

No es necesario que encuentre la solución perfecta desde el primer momento. Lo importante es que aprenda a considerar distintas posibilidades.

4. Enséñale que equivocarse también es aprender

Muchos niños abandonan una actividad porque temen equivocarse o decepcionar a sus padres.

Explícales que cometer errores forma parte del aprendizaje y que no siempre encontramos la solución en el primer intento.

Evita las críticas que los hagan sentir incapaces. En lugar de decir «siempre haces todo mal», puedes decir: «Esta vez no salió como esperabas. Pensemos qué podemos probar de otra manera».

5. No hagas por él lo que puede intentar hacer solo

Si tiene dificultades para organizar sus útiles, ordenar sus juguetes o preparar sus cosas para el colegio, puedes orientarlo sin realizar siempre la tarea en su lugar.

Dale tiempo para intentarlo, aunque al principio tarde más o necesite ayuda.

La autonomía se desarrolla cuando los niños tienen oportunidades de practicarla.

6. Enséñale a manejar la frustración

No todos los problemas tienen una solución inmediata. A veces hay que esperar, aceptar un resultado diferente o volver a intentarlo.

Cuando tu hijo se frustre, ayúdalo a reconocer lo que siente y a tranquilizarse antes de buscar una respuesta.

Puedes decirle: «Entiendo que estés enojado porque no salió como querías. Cuando estés más tranquilo, podemos pensar qué hacer».

Aprender a tolerar la frustración es fundamental para enfrentar las dificultades sin rendirse ante el primer obstáculo.

7. Permite que tome decisiones adecuadas para su edad

Ofrecer pequeñas oportunidades de elección ayuda a desarrollar el pensamiento y la responsabilidad.

Puedes permitirle decidir qué actividad realizar primero, cómo organizar sus materiales o qué ropa utilizar entre opciones apropiadas.

A medida que crece, también puede participar en decisiones más importantes, siempre con la orientación que necesita.

8. Evita compararlo con otros niños

Cada niño tiene su propio ritmo para aprender a resolver dificultades.

Compararlo con hermanos, compañeros o amigos puede generar inseguridad y hacer que se concentre más en no equivocarse que en encontrar soluciones.

Reconoce sus avances individuales y valora el esfuerzo que realiza.

9. Enséñale a pedir ayuda cuando la necesita

Ser autónomo no significa tener que resolver todo sin ayuda.

Los niños también necesitan comprender cuándo una situación supera sus posibilidades y cuándo deben acudir a un adulto.

Pedir ayuda es una habilidad importante, especialmente cuando se sienten confundidos, inseguros o están frente a una situación que puede ponerlos en peligro.

10. Reconoce el esfuerzo, no solamente el resultado

Cuando tu hijo encuentra una solución, reconoce el camino que recorrió para conseguirlo.

Puedes destacar su paciencia, creatividad, perseverancia o capacidad para escuchar otras ideas.

No te concentres únicamente en si obtuvo el resultado esperado. Valorar el proceso fortalece la confianza y lo anima a seguir intentando.

¿Cómo ayudar a los hijos a resolver los problemas con sus amigos?

Los conflictos entre compañeros y hermanos son oportunidades para aprender a convivir, siempre que los adultos acompañen las situaciones de manera adecuada.

Si tu hijo discute con un amigo, puedes ayudarlo a:

  • Explicar qué ocurrió desde su punto de vista.

  • Escuchar cómo pudo sentirse la otra persona.

  • Reconocer si tuvo alguna responsabilidad en el conflicto.

  • Pensar cómo expresar su desacuerdo sin insultar ni agredir.

  • Proponer una solución que respete a ambos.

  • Pedir disculpas cuando corresponda.

No debemos obligar a los niños a aceptar cualquier comportamiento para mantener una amistad. También necesitan aprender a establecer límites y alejarse de situaciones de maltrato.

Si existe acoso, intimidación o agresión, los adultos responsables deben intervenir y proteger al niño.

El papel de los padres: acompañar sin sobreproteger

Ayudar a nuestros hijos a resolver problemas requiere encontrar un equilibrio entre protegerlos y permitirles desarrollar sus propias capacidades.

No se trata de dejarlos solos frente a las dificultades, ni de solucionarles absolutamente todo.

Se trata de estar disponibles, escuchar, orientar y ofrecer herramientas para que puedan avanzar con mayor seguridad.

A veces, la mejor ayuda no consiste en darles una respuesta, sino en hacerles las preguntas adecuadas para que puedan encontrarla.

También debemos recordar que los niños aprenden observando. Si ven que los adultos enfrentan los desacuerdos con diálogo, paciencia y responsabilidad, tendrán un ejemplo concreto de cómo actuar ante las dificultades.

Reflexión final: no les solucionemos todos los problemas, enseñémosles a encontrar soluciones

Como padres, queremos que nuestros hijos sean felices y que la vida les presente el menor número posible de dificultades.

Pero no podemos evitarles todos los obstáculos, ni estaremos siempre a su lado para resolver cada situación.

Lo que sí podemos hacer es prepararlos para enfrentarlos.

Cada vez que los escuchamos, los animamos a pensar, les permitimos equivocarse y reconocemos sus esfuerzos, estamos ayudándolos a desarrollar confianza, autonomía y capacidad para tomar decisiones.

No necesitan padres que tengan todas las respuestas. Necesitan adultos que los acompañen mientras descubren las suyas.

Porque educar también significa enseñarles a levantarse después de una dificultad, pensar antes de actuar y confiar en que tienen la capacidad de encontrar soluciones. No les hagamos el camino demasiado fácil: démosles las herramientas para aprender a recorrerlo.

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